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Los Cinco y el Tesoro de la Isla

Los Cinco y el Tesoro de la Isla es el primero de una saga titulada Los Cinco (The Famous Five) de 21 libros escritos entre 1940 y 1960 por la joven escritora Enid Blyton.

Trata de las aventuras de dos chicos, dos chicas y un perro: Julian, Dick, Anne que son hermanos, su prima Georgina y el perro llamado Tim que se enfrentan a numerosos misterios de robos, desapariciones, secuestros, búsquedas de tesoros…

George (Georgina) Kirrin: Georgina, que prefiere que la llamen George, es una chica que lleva el pelo muy corto, se viste y se comporta como un chico. A menudo la confunden con uno, cosa que le encanta. Es cabezota, leal, valiente y, como su padre Quintin, tiene un temperamento fogoso. Enid Blyton reconoció antes de su muerte que se inspiró en ella misma para el personaje de Georgina.

Julian Kirrin: es el mayor de los cinco, primo de George y hermano de Dick y Anne. Es un chico inteligente, con don de gentes y un líder natural. Su tía Fanny alaba a menudo su agudeza y su fiabilidad.

Dick (Richard) Kirrin: hermano de Julian y Anne, es un año menor que él y un año mayor que su hermana. Tiene un temperamento bromista, aunque en ocasiones es ingenioso y reflexivo. Tiene el cabello moreno, lo que hace que en algunas ocasiones se le confunda con George.

Anne Kirrin: Anne es la pequeña del grupo. Blyton la describe como dulce, casera, femenina y con un impulso natural por cuidar de los otros. No le gustan las aventuras a las que los Cinco deben enfrentarse constantemente, pero permanece siempre al lado de los otros. Durante gran parte de la serie es el personaje más vulnerable a quien los demás deben proteger (en una ocasión se tuerce un tobillo y sus hermanos tienen que arrastrarla en una huida mientras Georgina y Tim plantan cara a los villanos de turno). Pero en el último título de la serie es capaz de hacer eso mismo ella en análoga situación y la autora comenta que se ha vuelto un tigre.

Timothy (Tim, Timmy): es el perro mestizo de George y la mascota no oficial del grupo. Timmy es muy listo, afectuoso y absolutamente fiel a su gente, en particular a George, a quien casi siempre obedece. Timmy está dispuesto a atacar a otras personas si George se lo ordena, y aporta protección física a los niños en múltiples ocasiones. George adora a Timmy y siempre cuida de él. En el primer libro de la colección, el padre de George le había prohibido tener a Timmy en casa y ella se veía obligada a esconderlo, pero al final del libro, los padres permiten que se quede.

Todos los personajes son amables, justos, aunque cada uno tiene su personalidad particular, sobre todo Georgina, las más rebelde del grupo.

La primera aventura se escribió en 1942 y sirve como punto de encuentro entre los hermanos Dick, Anne y Julian que llegan de vacaciones forzosas, debido al viaje de su padre a Escocia, a la isla de Kirrin, propiedad de sus tíos Quentin y Fanny. Allí conocen a su prima Georgina, con la que tienen muchos problemas al principio, y a su perro Timothy, al que tiene escondido para que su padre no lo vea.

En la isla de Kirrin hay un enorme castillo que invita a ser explorado y una tormenta saca a flote un antiguo barco que queda encallado, dentro del cual hay un mapa que indica que en la isla hay un tesoro escondido. Pero al llegar a casa se encuentran con que Quentin y Fanny han decidido vender la isla.

Un libro que no podeís dejar pasar. A leer…

Estos son los 21 libros disponibles en las librerías y bibliotecas para que pases ratos muy divertidos con Los Cinco: (están por orden de lectura)

  • Los Cinco y el tesoro de la isla (Five on a treasure island,1942)
  • Otra aventura de Los Cinco (Five go adventuring again, 1943)
  • Los Cinco se escapan (Five run away together, 1944)
  • Los Cinco en el cerro del contrabandista (Five go to Smuggler’s Top, 1945)
  • Los Cinco en la caravana (Five go off in a caravan, 1946)
  • Los Cinco otra vez en la Isla de Kirrin (Five on Kirrin Island again, 1947)
  • Los Cinco van de camping (Five go off to camp, 1948)
  • Los Cinco se ven en apuros (Five get into trouble, 1949)
  • Los Cinco frente a la aventura (Five fall into adventure, 1950)
  • Un fin de semana de Los Cinco (Five on a hike together, 1951)
  • Los Cinco lo pasan estupendo (Five have a wonderful time, 1952)
  • Los Cinco junto al mar (Five go down to the sea, 1953)
  • Los Cinco en el páramo misterioso (Five go to mystery moor, 1954)
  • Los Cinco se divierten (Five have plenty of fun, 1955)
  • Los Cinco tras el pasadizo secreto (Five on a secret trail, 1956)
  • Los Cinco en Billycock Hill (Five go to Billycock Hill, 1957)
  • Los Cinco en peligro (Five get into a fix, 1958)
  • Los Cinco en la granja Finniston (Five on Finniston Farm, 1960)
  • Los Cinco en las Rocas del Diablo (Five go to Demon’s Rocks, 1961)
  • Los Cinco han de resolver un enigma (Five have a mystery to solve, 1962)
  • Los Cinco juntos otra vez (Five are together again, 1963)
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La pajarita de papel

Frente a la plaza, piedra gris sobre piedra gris, se alzaba el castillo del rey. El castillo tenía dos torres almenadas, un gran escudo con una flor de lis y un mirador.

Pajarita de papel

Por el mirador se asomaba la cara pecosa de la princesa y sus trencitas coloradas.. También se asomaba su linda mano, cuando saludaba a Juan Luis, el vendedor de pajaritas de papel.

Cada vez que Juan Luis veía a la princesa en el mirador, se olvidaba del precio de sus pajaritas, tropezaba con los bancos de la plaza y se caía en el agua del surtidor. Eso, porque Juan Luis estaba enamorado de la princesa.

¿Y la princesa quería a Juan Luis? La princesita había jurado y jurado que no se casaría más que con Juan luis. Esto, claro, en cuanto ella cumpliera los quince años y Juan Luis los dieciséis.

Lástima que a la princesa se le había olvidado contárselo a su padre, el rey. Y, el rey, con la corona metida hasta las cejas, se pasaba el día y la noche hundido en los almohadones de su trono, pensando y pensando con quién casaría a la princesa.

-La casaré con el sabio más sabio del reino -se decía-. Pero enseguida recordaba que el sabio más sabio era el astrólogo real. Y el astrólogo real era un viejecito con una barba tan larga, que para llevársela no bastaban los siete servidores que caminaban junto a su lado.

-No. Con el más sabio no podrá ser -decidía el rey-. Casaré a la princesa con el más fuerte. Y ya iba a llamar a la princesa para decírselo, cuando recordó que el hombre más fuerte, pero más fuerte de todo el reino, era su escudero. Y su escudero tenía que beber el agua directamente del río porque los jarros se abollaban entre sus gruesos dedos, y tenía que estornudar a campo abierto para que las torres del castillo no se derrumbaran con el estruendo.

-No, con el más fuerte tampoco podrá ser -resolvía el rey, pensándolo mejor-. La casaré con el más bueno. Y ya iba a llamar a la princesa para anunciarle con quién se casaría, cuando alcanzó a ver, por la ventana del castillo, al más bueno, pe más bueno de todos sus súbditos, paseando por la calle. Tan bueno era aquel súbdito, que los gorriones se posaban en él sin ningún temor, sobre sus hombros, sobre su cabeza… y así, apenas si se veía aquel buen hombre siempre cubierto de pájaros.

-No. tampoco ese puede ser mi yerno -pensó el rey-. No podría ponerse la corona sobre la cabeza. Ya todos los gorriones del reino están en ella.

Pero tanto se revolvió y revolvió el rey sobre su trono, y tantas tacitas de café le alcanzó su mayordomo real, que al fin dió con una idea que lo dejó satisfecho. entonces dejó sus almohadones y corriendo por las escalinatas del castillo, cruzó a la puerta y salió a la calle. Y cuando estuvo allí, con un pedazo de carbón escribió sobre el muro de piedra gris:

Orden del rey

La princesa se casará con quién sea capaz de hacer lo más maravilloso del reino.

El primero que leyó el anuncio del muro fue Juan Luis. ¡Y casi se echa a llorar! Porque él, Juan Luis, sólo sabía hacer pajaritas de papel.

La pena lo acompaño todo el día y lo acompañó toda la noche, cuando sentado frente a su mesa, plegaba papeles de colores y armaba las pajaritas para venderlas a la mañana siguiente. Y tanta era su pena, que eligió entre todas las hojas una muy blanca y con su mejor letra escribió en ella:

“Princesita: Sólo sé hacer pajaritas de papel. Pero te quiero mucho.

¿Te casarías conmigo? Juan Luis”.

Después, desplegando la hoja escrita, Juan Luis hizo una hermosa, muy hermosa pajarita, y la echó a volar por la ventana.

La pajarita de papel voló y voló en la oscuridad. Y mientras volaba, se decía: -Tengo un mensaje que llevar-. Pero por más que volaba y volaba, no encontraba el castillo, perdido entre las sombras, y así tuvo que posarse en una rama, a esperar la salida del sol.

Con los primeros rayos de luz, la pajarita vio acercarse una alta figura. Era el gran general, que venía marcando el paso, con su escopeta al hombro.

-Seguramente, el gran general va al castillo -pensó la pajarita-. Me posaré en su escopeta y llegaré al castillo, junto a él.

Y se posó en la escopeta. ¡Pero el general no iba al castillo! Iba a la lechería, a tomar café con leche, con su amigo en capitán.

Cuando el capitán lo vio entrar a la lechería, con la pajarita en la escopeta, creyó que el gran general la había cazado y exclamó lleno de admiración: -Te felicito gran general. Eres el mejor cazador del mundo.

El general se puso muy orgulloso, porque la verdad era que hasta entonces solo había cazado mojarritas, pinchándolas con su espada. Y tan orgulloso estaba, que estiró la mano para atrapar la pajarita y mirarla mejor.

Pero la pajarita de papel echó a volar y se escapó.

Cuando la pajarita llegó a la calle, buscó y buscó el camino al castillo. pero estaba desorientada y no pudo encontrarlo por ningún lado. En eso vio venir a la reina, que volvía de comprar buñuelos para el desayuno del rey.

-Seguramente la reina vuelve al castillo -pensó la pajarita-. Y de un solo vuelo fue a posarse en el sombrero de la reina. Así llegó al castillo y entró en él, y escuchó decir a las damas de honor:

-Reina, reina. ¡Que hermosa es la pajarita que tiene vuestra majestad en su sombrero!

La reina muy contenta se sacó el sombrero y quiso apresar a la pajarita para verla mejor. Pero la pajarita de papel echó a volar, y voló de uno en otro, por todos los corredores del palacio, buscando la princesa para entregarle el mensaje de Juan Luis.

Y entre las salas y los salones, la pajarita llegó al dormitorio del rey.

Aunque era muy temprano, el rey estaba despierto. Y muy triste también. Porque se había escapado el canario blanco que todas las mañanas le daba, cantando, los buenos días.

Cuando entró la pajarita, las lágrimas del rey mojaban ya la alfombra. La pajarita de papel se compadeció del rey, se posó en su hombro y le preguntó:

-Rey, ¿por qué lloras?

-No tengo quien cante para mí -lloriqueó el rey.

-Yo te cantaré -dijo la pajarita. Y con su pico de papel gorjeó y gorjeó tan bien y mejor, mucho mejor aún, que el canario del rey.

Entonces el rey dejó de llorar y exclamó:

-Esta pajarita es lo más maravilloso que hay en mi reino.

Y para estar bien seguro llamó a la reina para consultarla.

-Si. No hay nada más maravilloso que esta pajarita -dijo la reina, que había reconocido a la pajarita de su sombrero. Pero para estar más seguro, se lo preguntó al gran general.

-Claro que no hay nada mas maravilloso que una pajarita de papel -dijo el general, pensando en la pajarita que se había posado en su escopeta.

Y la reina, el rey y el general, mandaron a buscar a Juan Luis. Y cuando Juan Luis estuvo ante el castillo, le preguntaron:

-¿Fuiste tu quién hizo la pajarita blanca?

-Era una carta para la princesa -contestó Juan Luis, un poco asustado.

-Entonces se la leerás mañana -exclamó el rey-, porque hoy te casarás con ella. Has creado lo más maravilloso de mi reino.

La princesa, transportada de felicidad, se puso su velo de tul. Y sobre el velo, una corona de azahar. y sobre la corona de azahar, la pajarita de papel, bien sujeta con un prendedor, para que no se volara, sino que se quedara siempre con ella y con Juan Luis.

DeCuentos de Polidoro. Narración de Yali. Centro de América Latina.

 

El maravilloso Mago de Oz

¿Quién no ha viajado en sueños por baldosas amarillas? ¿Quién no ha pensado que tras los huracanes pueden ocurrir cosas imposibles?

El Mago de Oz comenzó con un libro titulado “El maravillos mago de Oz”, escrito por L. Frank Baum y publicado en 1900 y al que seguirían debido a su enorme éxito un total de 13 libros más:

  • 1900 El maravilloso mago de Oz
  • 1904 La maravillosa tierra de Oz
  • 1907 Ozma de Oz
  • 1908 Dorothy y el mago deOz
  • 1909 El camino a Oz
  • 1910 La Ciudad Esmemeralda d’Oz
  • 1913 La chica mosaico de Oz
  • 1914 Tik-Tok de Oz
  • 1915 El espantapájaros de Oz
  • 1916 Rinkitink de Oz
  • 1917 La princesa perdida de Oz
  • 1918 El hombre de hojalata de Oz
  • 1919 La magia de Oz
  • 1920 Glinda de Oz

“Over the rainbow”

En total 20 años de historias para los niños y no tan niños narrando la historia de Dorothy y su perro Totó que son alcanzados por un tornado junto con su casa y llegan al mundo de Oz donde en su particular llegada aplastan a la malvada bruja del este que tenía atemorizado al pueblo de los munchkins.

Desde ese momento Dorothy comienza su búsqueda de regreso a casa siguiendo el camino de baldosas amarillas en cuyo final se encuentra “el mago” que le ayudará a volver. Durante el camino conoce a diferentes personajes como el hombre de hojalata que anda buscando un corazón que le haga sentir, el espantapájaros que busca un cerebro para poder pensar o al león cobarde que pide valor para enfrentarse al mundo.

En 1939 se hizo la primera película musical sobre el libro, la más famosa de todas y en 1986 con el auge de los dibujos animados, llegó “El mago de Oz”, serie de 52 episodios basada en cuatro de los libros.

En “El maravilloso mago de Oz” había cuatro brujas:

Bruja mala del Este. Una bruja mala que vive en la tierra de los Munchkins. Cuando Dorothy llega a Oz, su casa cae del cielo sobre la bruja y la mata. El libro “Wicked: the Life and Times of the Wicked Witch of the West” la nombra como Nessarose.
Bruja mala del Oeste. La hermana de la bruja del Este, ataca a Dorothy y sus amigos con animales de diferentes tipos y la consigue atrapar con Monos Volantes. En el libro y después musical Wicked, la bruja se llama ‘Elphaba Thropp‘ y es el personaje principal del libro.
Bruja buena del Norte. Se llama Gaylette y aparece en Munchkinland cuando Dorothy llega. Le da a Dorothy los Zapatos de plata y un beso para protegerla. Ese bruja no aparece en las siguentes libros de Oz y en la pelicula de 1939 Glinda aparece en su lugar.
Bruja buena del Sur. Se llama Glinda y le muestra a Dorothy a usar los zapatos de rubí (de plata en la edición literaria) para volver a casa.

 

El gato con botas

Hay muchas aventuras perdidas allá en los lugares por los que he viajado y una que me gustó mucho y que seguramente habréis escuchado hablar de ella es “El Gato con Botas”, un cuento popular europeo que viene de muy lejos y que muchos escritores han adaptado y recopilado en sus libros. “El Gato con Botas” no siempre se ha llamado así, en algunos países lo llamaron “Cagliuso” o “El Gato Maestro”.

Os regalo la ficha del dibujo de “El Gato con Botas” que un día recopilé en la revista. Y os contaré también el cuento entero como ha llegado hasta nuestros días.

El Gato con Botas

EL GATO CON BOTAS

Un molinero dejó, como única herencia a sus tres hijos, su molino, su burro y su gato. El reparto fue bien simple: no se necesitó llamar ni al abogado ni al notario. Habrían consumido todo el pobre patrimonio.

El mayor recibió el molino, el segundo se quedó con el burro y al menor le tocó sólo el gato. Este se lamentaba de su mísera herencia:

-Mis hermanos -decía- podrán ganarse la vida convenientemente trabajando juntos; lo que es yo, después de comerme a mi gato y de hacerme un manguito con su piel, me moriré de hambre.

El gato, que escuchaba estas palabras, pero se hacía el desentendido, le dijo en tono serio y pausado:

-No debéis afligiros, mi señor, no tenéis más que proporcionarme una bolsa y un par de botas para andar por entre los matorrales, y veréis que vuestra herencia no es tan pobre como pensáis.

Aunque el amo del gato no abrigara sobre esto grandes ilusiones, le había visto dar tantas muestras de agilidad para cazar ratas y ratones, como colgarse de los pies o esconderse en la harina para hacerse el muerto, que no desesperó de verse socorrido por él en su miseria.

Cuando el gato tuvo lo que había pedido, se colocó las botas y echándose la bolsa al cuello, sujetó los cordones de ésta con las dos patas delanteras, y se dirigió a un campo donde había muchos conejos. Puso afrecho y hierbas en su saco y tendiéndose en el suelo como si estuviese muerto, aguardó a que algún conejillo, poco conocedor aún de las astucias de este mundo, viniera a meter su hocico en la bolsa para comer lo que había dentro. No bien se hubo recostado, cuando se vio satisfecho. Un atolondrado conejillo se metió en el saco y el maestro gato, tirando los cordones, lo encerró y lo mató sin misericordia.

Muy ufano con su presa, fuese donde el rey y pidió hablar con él. Lo hicieron subir a los aposentos de Su Majestad donde, al entrar, hizo una gran reverencia ante el rey, y le dijo:

-He aquí, Majestad, un conejo de campo que el señor Marqués de Carabás (era el nombre que inventó para su amo) me ha encargado obsequiaros de su parte.

-Dile a tu amo, respondió el Rey, que le doy las gracias y que me agrada mucho.

En otra ocasión, se ocultó en un trigal, dejando siempre su saco abierto; y cuando en él entraron dos perdices, tiró los cordones y las cazó a ambas. Fue en seguida a ofrendarlas al Rey, tal como había hecho con el conejo de campo. El Rey recibió también con agrado las dos perdices, y ordenó que le diesen de beber.

El gato continuó así durante dos o tres meses llevándole de vez en cuando al Rey productos de caza de su amo. Un día supo que el Rey iría a pasear a orillas del río con su hija, la más hermosa princesa del mundo, y le dijo a su amo:

-Sí queréis seguir mi consejo, vuestra fortuna está hecha: no tenéis más que bañaros en el río, en el sitio que os mostraré, y en seguida yo haré lo demás.

El Marqués de Carabás hizo lo que su gato le aconsejó, sin saber de qué serviría. Mientras se estaba bañando, el Rey pasó por ahí, y el gato se puso a gritar con todas sus fuerzas:

-¡Socorro, socorro! ¡El señor Marqués de Carabás se está ahogando!

Al oír el grito, el Rey asomó la cabeza por la portezuela y, reconociendo al gato que tantas veces le había llevado caza, ordenó a sus guardias que acudieran rápidamente a socorrer al Marqués de Carabás. En tanto que sacaban del río al pobre Marqués, el gato se acercó a la carroza y le dijo al Rey que mientras su amo se estaba bañando, unos ladrones se habían llevado sus ropas pese a haber gritado ¡al ladrón! con todas sus fuerzas; el pícaro del gato las había escondido debajo de una enorme piedra.

El Rey ordenó de inmediato a los encargados de su guardarropa que fuesen en busca de sus más bellas vestiduras para el señor Marqués de Carabás. El Rey le hizo mil atenciones, y como el hermoso traje que le acababan de dar realzaba su figura, ya que era apuesto y bien formado, la hija del Rey lo encontró muy de su agrado; bastó que el Marqués de Carabás le dirigiera dos o tres miradas sumamente respetuosas y algo tiernas, y ella quedó locamente enamorada.

El Rey quiso que subiera a su carroza y lo acompañara en el paseo. El gato, encantado al ver que su proyecto empezaba a resultar, se adelantó, y habiendo encontrado a unos campesinos que segaban un prado, les dijo:

-Buenos segadores, si no decís al Rey que el prado que estáis segando es del Marqués de Carabás, os haré picadillo como carne de budín.

Por cierto que el Rey preguntó a los segadores de quién era ese prado que estaban segando.

-Es del señor Marqués de Carabás -dijeron a una sola voz, puesto que la amenaza del gato los había asustado.

-Tenéis aquí una hermosa heredad -dijo el Rey al Marqués de Carabás.

-Veréis, Majestad, es una tierra que no deja de producir con abundancia cada año.

El maestro gato, que iba siempre delante, encontró a unos campesinos que cosechaban y les dijo:

-Buena gente que estáis cosechando, si no decís que todos estos campos pertenecen al Marqués de Carabás, os haré picadillo como carne de budín.

El Rey, que pasó momentos después, quiso saber a quién pertenecían los campos que veía.

-Son del señor Marqués de Carabás, contestaron los campesinos, y el Rey nuevamente se alegró con el Marqués.

El gato, que iba delante de la carroza, decía siempre lo mismo a todos cuantos encontraba; y el Rey estaba muy asombrado con las riquezas del señor Marqués de Carabás.

El maestro gato llegó finalmente ante un hermoso castillo cuyo dueño era un ogro, el más rico que jamás se hubiera visto, pues todas las tierras por donde habían pasado eran dependientes de este castillo.

El gato, que tuvo la precaución de informarse acerca de quién era este ogro y de lo que sabía hacer, pidió hablar con él, diciendo que no había querido pasar tan cerca de su castillo sin tener el honor de hacerle la reverencia. El ogro lo recibió en la forma más cortés que puede hacerlo un ogro y lo invitó a descansar.

-Me han asegurado -dijo el gato- que vos tenías el don de convertiros en cualquier clase de animal; que podíais, por ejemplo, transformaros en león, en elefante.

-Es cierto -respondió el ogro con brusquedad- y para demostrarlo veréis cómo me convierto en león.

El gato se asustó tanto al ver a un león delante de él que en un santiamén se trepó a las canaletas, no sin pena ni riesgo a causa de las botas que nada servían para andar por las tejas.

Algún rato después, viendo que el ogro había recuperado su forma primitiva, el gato bajó y confesó que había tenido mucho miedo.

-Además me han asegurado -dijo el gato- pero no puedo creerlo, que vos también tenéis el poder de adquirir la forma del más pequeño animalillo; por ejemplo, que podéis convertiros en un ratón, en una rata; os confieso que eso me parece imposible.

-¿Imposible? -repuso el ogro- ya veréis-; y al mismo tiempo se transformó en una rata que se puso a correr por el piso.

Apenas la vio, el gato se echó encima de ella y se la comió.

Entretanto, el Rey, que al pasar vio el hermoso castillo del ogro, quiso entrar. El gato, al oír el ruido del carruaje que atravesaba el puente levadizo, corrió adelante y le dijo al Rey:

-Vuestra Majestad sea bienvenida al castillo del señor Marqués de Carabás.

-¡Cómo, señor Marqués -exclamó el rey- este castillo también os pertenece! Nada hay más bello que este patio y todos estos edificios que lo rodean; veamos el interior, por favor.

El Marqués ofreció la mano a la joven Princesa y, siguiendo al Rey que iba primero, entraron a una gran sala donde encontraron una magnífica colación que el ogro había mandado preparar para sus amigos que vendrían a verlo ese mismo día, los cuales no se habían atrevido a entrar, sabiendo que el Rey estaba allí.

El Rey, encantado con las buenas cualidades del señor Marqués de Carabás, al igual que su hija, que ya estaba loca de amor viendo los valiosos bienes que poseía, le dijo, después de haber bebido cinco o seis copas:

-Sólo dependerá de vos, señor Marqués, que seáis mi yerno.

El Marqués, haciendo grandes reverencias, aceptó el honor que le hacia el Rey; y ese mismo día se casó con la Princesa. El gato se convirtió en gran señor, y ya no corrió tras las ratas sino para divertirse.

FIN

Cuento narrado de “El Gato con Botas”

Como todos los cuentos, este tiene algunas moralejas extraídas así como las imágenes de una versión reducia que podéis leer AQUI. Las moralejas son enseñanzas que el que escribe el cuento quiere que aprendan las personas que lo leen. Por ejemplo una de las moralejas del cuento PINOCHO que todos conocéis, es que no está bien decir mentiras. No es que por decir mentiras te vaya a crecer la nariz, pero el que escribió el cuento lo hizo así para enseñar a los niños que no está bien decir mentiras.

Os dejo en forma de poesía las moralejas de “El Gato con Botas”.

Moraleja

En principio parece ventajoso
contar con un legado sustancioso
recibido en heredad por sucesión;
más los jóvenes, en definitiva
obtienen del talento y la inventiva
más provecho que de la posición.

Otra moraleja

Si puede el hijo de un molinero
en una princesa suscitar sentimientos
tan vecinos a la adoración,
es porque el vestir con esmero,
ser joven, atrayente y atento
no son ajenos a la seducción.

 

Capítulo 1: “Regreso a Trulalá. Accidentado encuentro con Hijitus y Pichichus”

De las lejanas tierras de la Antártida y tras haber recorrido miles y miles de kilómetros a lo largo y ancho del mundo escribiendo su Libro Gordo, Petete decide regresar a su casa en Trulalá, donde dejó a muchos de sus mejores amigos como Hijitus y Pichichus, Trapito, Anteojito y muchos otros a los que tenía ganas de ver de nuevo.

Deseaba compartir con ellos toda la sabiduría que había recopilado alrededor del mundo además de ofrecerles que escribiesen también en su libro todo lo que quisiesen para hacerlo aún más sabio y grande.

Petete

Petete se encontraba deshaciendo las maletas del viaje cuando recibió un mensaje en el teléfono móvil. El mensaje era de Hijitus y decía lo siguiente: “Pichi está malote d la tripa x comer helado. Tienes k contarme eso k dices del libro gordo. Bss.”

Terminó de sacar todas las cosas de las maletas, incluídas miles de fotografías que había tomado en sus interminables viajes, las cuales amontonó en la estantería que tenía delante de su mesa en el dormitorio. El mensaje le había dejado preocupado, así que pensó en visitarles a la mañana siguiente. Estaba demasiado cansado para andar hacia las afueras de Trulalá a esas horas de la noche.

A la mañana siguiente Petete se despertó, tomó un desayuno rápido y se dirigió hasta el Cañitus, lugar a las afueras de Trulalá donde vivián Pichichus e Hijitus. El Cañitus era una casa peculiar, nada más y nada menos que una tubería gigante que Hijitus había preparado para poder vivir en ella con su querido perrito.

Hijitus y Pichichus

El Cañitus

Cuando llegó, los dos estaban enfrente de la puerta como si lo estuvieran esperando. Lo primero que hizo Petete fue hacerles una foto sonrientes, quería conservar ese recuerdo del reencuentro con sus dos amigos. Cuando notó el flash de la cámara, Pichichus se dio la vuelta y salió corriendo hacia Petete. Saltó encima de él con tanta fuerza que lo tumbó en el suelo. Empezó a pegarle unos lametazos en la cara, pero pronto le llamaron la atención los ruiditos de un objeto dentro de la mochila. Metió los hocicos en ella hasta sacar con la boca una tira de cinta de video. Salió corriendo con ella y se lió a juguetear como si fuese una cuerda.

Enseguida Petete se la quitó, era la cinta donde tenía grabado el por qué cae la nieve, un documento muy interesante. Ya pensaría en la forma de arreglarlo. Por suerte apenas tenía marcas de dientes.

Hijitus le saludó y le invitó a pasar dentro del Cañitus. Mientras tomaban algo y hablaban sobre el Libro Gordo, Pichichus se divertía con una tapadera vieja de una cámara que Petete ya no usaba.

Al día siguiente Petete quedó con Hijitus para ir a por unas fotos. Esas fotos las había tomado Calculín, un amigo de Anteojito. Cuando llegó al Cañitus, se las encontró dentro de un sobre en el pomo de la puerta colgadas. Aunque le extrañó, se dio media vuelta para volver a casa cuando de pronto vio un rastro de pisadas en el suelo. Parecía como si alguien o algo se hubiese arrastrado por la arena hasta adentrarse en el bosque.

El bosque de Trulalá es peligroso si alguien se adentra muy profundo en él. Mucha gente asegura que en él suceden cosas muy extrañas y algunos han visto a alguien volar por el cielo de la noche en ese mismo bosque.

Petete estaba preocupado y se quedó pensando largo rato hasta hacerse de noche. Cuando se disponía a partir de repente vio una sombra que aparecía detrás de los árboles, una sombra demasiado grande para pertenecer a una persona…

 

El cerebro humano

El cerebro humano

El otro día me tiré un buen rato observando al lado del Cañitus para ver si regresaban Hijitus y Pichichus, pero nada. Así que regresé a casa. Lo mejor es que a partir de ahora os lo relate todo en una nueva sección que llamaré AVENTURAS y que os pondré arriba dentro de poco, así podré centrarme mejor aparte en las páginas del libro gordo, que no para de crecer y crecer.

Apenas pude dormir porque mi cabeza le daba vueltas una y otra vez a lo que les podía haber sucedido a los dos, no paraba de imaginar cosas y todo eso lo pensaba mi cerebro.

El cerebro humano es algo así como nuestro centro de operaciones, forma parte del sistema nervioso central y está protegido por los huesos del cráneo y tres membranas llamadas meninges entre las que hay un líquido llamado cefalorraquídeo que lo protegen de golpes. Del cerebro surgen las emociones (como el llorar, reir, la tristeza, la alegría), el conocimiento, la memoria y el aprendizaje. De hecho la capacidad de un cerebro humano para procesar y almacenar información es mejor que la de cualquier ordenador que podamos ver en las tiendas, aunque sea lo último en tecnología. Menuda máquina, ¿no? Además no necesita que se le reemplacen piezas para llevarlo a la última, porque ya se adapta él solo.

Cuando realizamos alguna acción como escribir en el ordenador o cuando tenemos un sentimiento como ganas de reir, nuestro cerebro actúa como una orquesta de música, cada area se especializa en una cosa para que esa acción pueda ser realizada.

Funciones del cerebro

Un mensaje enviado desde el cerebro a cualquier parte de nuestro organismo puede alcanzar la velocidad de 360 Km/h. Esto quiere decir que un impulso nervioso tarda dos décimas de segundo en llegar al pie.

El cerebro humano no es el más grande de la naturaleza, lo superan el de las ballenas y los elefantes entre otros.

Aquí te traigo un par de imágenes para que pienses y veas que el cerebro interpreta una cosa, pero que es capaz de ver otras. Haz la prueba con tu familia o amigos, ya verás como casi todos decía una cosa distinta al mirar la imagen, el juego consiste en decir qué es lo que ves primero.

1. ¿Qué ves aquí? ¿Una cara de un niño o dos caras de dos niños?

Ilusión óptica

2. ¿Qué figura has visto antes?

Ilusión óptica

 

Petete, ¿por qué siempre vemos la misma cara de la Luna?

¿Por qué siempre vemos la misma cara de la Luna?

Es bastante tarde ahora que estoy escribiendo. Estoy aquí a las afueras de Trulalá sentado en el banco de tronco de árbol esperando a ver si vienen Hijitus y Pichichus, pero por aquí no aparece nadie. ¿Qué les habrá pasado? Ese rastro de arena me tiene preocupado. No se los habrá llevado el hombre del saco.

Hay luna llena esta noche y además está despejado, se pueden ver desde aquí los mares de la Luna y los cráteres. ¿No os habéis preguntado nunca por qué siempre que miramos hacia arriba vemos la misma cara de la Luna? Sea llena, menguante, creciente o llena, la miremos directamente o con telescopios, siempre vemos las mismas cosas de ella, sea donde sea donde estemos, en cualquier país del mundo.

Cara visible de la Luna

Como sabéis, la Tierra hace dos movimientos, uno de traslación alrededor del sol que da lugar a las estaciones y otro de rotación sobre sí misma, lo que da lugar al día y la noche.

La Luna hace esos dos mismos movimientos, uno de traslación alrededor de la Tierra, ya que es nuestro satélite, y otro de rotación sobre sí misma. Entonces, ¿por qué vemos siempre la misma cara? Pues es sencillo, vemos siempre la misma cara porque el tiempo de rotación y el de traslación de la Luna coinciden, aunque en la práctica vemos siempre un poquito más de la cara oculta debido a unos balanceos de la fase de rotación, lo que se conoce como libración. Os pongo una fotografía en movimiento que se hizo en 2005 para que veais la libración.

Libración de la Luna

Para que lo tengas más claro te propongo un juego. Pide a una persona mayor que lo haga contigo. Esa persona será la Tierra y se tiene que poner en el medio y tú serás la Luna y girarás a su alrededor. Debéis estar sincronizados perfectamente para que salga bien, ¿vale?

Ambos teneis que girar sobre vosotros mismos. el que hace de Tierra en el centro gira sobre sí mismo y no se mueve del centro. Mientras, el que hace de Luna, además de girar sobre sí mismo tiene que ir poco a poco trasladándose alrededor del que hace de Tierra sin dejar de girar ninguno de los dos. Si os sincronizais bien veréis que jamás os llegais a ver la espalda, siempre que os encontrais al dar una vuelta sobre vosotros mismos os veis la cara.

Pues así es como ocurre y esta es la respuesta de por qué siempre vemos la misma cara de la Luna. Os dejo una foto de lo que estoy viendo ahora mismo.

Luna en Trulalá

Me quedaré un ratito más a ver si aparecen Hijitus y Pichichus, por lo menos la compañía de la Luna me agrada, pues siempre está de cara.

En castellano nuestro primer día de la semana se llama LUNES, que viene del latín LUNAE DIES, que significa DIA DE LA LUNA. En idioma inglés ocurre lo mismo, sería MONDAY, que viene de MOON DAY y en francés exactamente lo mismo, ya que allí se escribe LUNDI. En italiano sería LUNEDI.

Como mes la Luna tiene una influencia sobre nosotros muy grande. Normal, la vemos casi todos los días antes de ir a dormir.

El libro gordo te enseña,

el libro gordo entretiene,

y yo te digo contento,

hasta la clase que viene.

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